Una explicación sociológica de Cincuenta sombras

Suele aceptarse que la integración de sexualidad, emociones y carácter constituye una de las marcas de la personalidad madura. A esa madurez, sin embargo, suelen llegar de distinto modo hombres y mujeres, porque la diferenciación de sexualidad y emocionalidad es más fuerte en los primeros que en las segundas. Esto puede explicar por qué el consumo de pornografía ha sido tradicionalmente mayor entre varones que entre mujeres. Así las cosas, podría parecer que el éxito cosechado por Cincuenta sombras de Grey, preferentemente entre mujeres de en torno a 40 años, supone un cambio de tendencia. Sin embargo, el hecho de que precisamente este y no otro producto pornográfico haya traspasado los umbrales del público marginal y minoritario para abrirse paso entre el público general es algo que necesita una explicación sociológica. Eva Illouz ha ensayado una en un libro titulado Hard Core Romance: Fifty Shades of Grey, Best Sellers and Society, traducido como Erotismo de autoayuda (Katz 2014), que en muchos aspectos constituye un corolario de un libro anterior, Por qué duele el amor (Katz, 2012), donde exploraba las internas contradicciones que afligen a las relaciones entre los sexos en el marco de la modernidad tardía.

Respecto a Cincuenta Sombras, Illouz se pregunta por qué un producto como este, cuya lectura “hizo que se me erizaran las uñas de los pies”, ha resonado de tal modo entre el público femenino. Pues debe considerarse que la difusión inicial del libro tuvo lugar de forma espontánea: solo posteriormente hicieron su aparición la industria editorial y el cine, con la mercadotecnia que les es propia. Solo porque el origen fue relativamente espontáneo tiene sentido plantear el interrogante sociológico: ¿qué tecla pulsa este libro, por lo demás pobremente escrito, para hacerse acreedor, más que otras obras de su género, de una atención tan llamativa?

Entre las consideraciones que Illouz explora, hay una que ha llamado mi atención: Cincuenta sombras funciona como una novela victoriana invertida; mientras que en la novela victoriana nos encontramos con un envoltorio emocional de una conquista sexual –que nunca comparece explícitamente como tal—, aquí tendríamos exactamente lo contrario: un envoltorio explícitamente sexual para un desenlace emocional. Según esta clave de lectura una relación que habría empezado en clave de puro y desnudo deseo sexual, concretado en prácticas sadomasoquistas vacías de todo contenido emocional entre dominador y dominada, se iría convirtiendo poco a poco en la conquista emocional del hombre por parte de la chica. En este sentido, y no obstante su hiriente y perniciosa inmoralidad, podría describirse como una historia “conservadora”. Pues esto es, en definitiva, lo que la historia da a entender: que allí donde las mujeres precedentes fallaron, Ana, una mujer “del montón”, habría conseguido su increíble victoria: que Christian empiece a sentir un genuino interés, una genuina admiración por ella.

No olvidemos que la autora de Cincuenta sombras es una mujer, que escribe principalmente para mujeres. Que esta historia elemental se envuelva en ropaje pornográfico permite que las mujeres se apropien de un modo de tratar con la sexualidad que de entrada les resulta extraño. De ahí, también, el título castellano del libro de Illouz: “erotismo de autoayuda”. Después de todo la relación entre los hombres y la pornografía no precisa de ordinario muchas mediaciones literarias. Con las mujeres es distinto: precisamente porque la sexualidad y la emocionalidad se presentan para ellas de forma indiscernible, la fractura de ambas esferas no tiene lugar sin cierta violencia.

De hecho, el “atractivo” de la historia radica, precisamente, en presentar juntas en el plano de la imaginación literaria cualidades incompatibles en la realidad, como cuando se nos cuentan historias de hombres que vuelan, animales que hablan o mujeres que tumban de un golpe a un conjunto de hombres forzudos. En este caso, lo increíble reside en presentar como posible la conquista emocional del varón por esos medios, sin que la chica pierda entre tanto su propia autonomía y el sentido de la propia dignidad. Pues que una relación de esta naturaleza deje a salvo la propia autonomía de las mujeres es más que cuestionable; y que el desnudo placer sexual derivado de las prácticas sadomasoquistas compense los abismos de humillación por los que pasan las mujeres que “libremente” consienten a ellas es algo más que dudoso. Desde esta perspectiva, el éxito de 50 sombras entre el público femenino no solo constituye un indicio alarmante del número de mujeres desesperadas por conquistar, a cualquier precio, el corazón de los hombres, sino que nos da la medida exacta de tal desesperación, tanto o más que los casos de violencia de género, que cada día vemos en los medios de comunicación.

Ana Marta González
Directora del proyecto “Cultura emocional e identidad”
Artículo publicado en La Razón, 18 de Febrero 2015

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Art, fiction and emotions, Emotional Culture, Emotional pulse, Review and analysis. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s